viernes, 19 de agosto de 2011

Cuando las chicas de mi edad...

Días como hoy, que parecen sencillos a simple vista y que no logran ser afectados con mi delirio ni mi obsesión agobiante, me parece agradable la idea de narrar mi propia historia, la historia de cómo me convertí en esta cínica que soy.

Nunca he podido sentirme común y corriente, desde pequeña comprendí que no podría entrar nunca en lo establecido, en lo normal, en lo usual. Y no porque me creyera lo suficientemente perfecta, sino todo lo contrario. No ahondaré mucho en esto, simplemente porque no me place hacerlo.

Es sencillo, cuando los niños de mi edad estaban terminando de mudar sus dientes, yo estaba en el suelo, pataleando y rogándole a mi madre que me llevara al catecismo. Cuando mis amigas del colegio estaban jugando en la calle, interactuando con otros niños de la edad, yo estaba en casa pintando, dibujando lo que más tarde escribiría escondida bajo la cama. Cuando las mismas amigas comenzaron a hablar de sexo, yo me obsesioné con la idea de tener un patín del diablo. Cuando las chicas de mi edad comenzaban a sentirse adultas por el simple hecho de regresar a sus casas después de las 11 de la noche, yo narraba en mis diarios cómo el suicidio me parecía la más hermosa demostración de amor. Sobra decir, que cuando los demás se estaban enamorando, yo tenía pesadillas con el holocausto.

Me refugiaba en ese tipo de historias, me imaginaba sufriendo, teniendo una vida terrible, para así poder compararla con mi vida real y sentirme mucho más afortunada con lo que tenía. O tal vez, ni siquiera sé por qué lo hacía… pero lo disfrutaba.

No hay comentarios: