domingo, 16 de octubre de 2011

Extracto Antes del atardecer

WishList


Un paseo bajo la lluvia

A ti...
Decirte que me gustas...
Un beso...
Columpiarme....
Escribir y que me escriban cartas
Hacer cupcakes...




lunes, 5 de septiembre de 2011

Violando las reglas desde antes de nacer

En algún momento de la vida me enseñaron que todo giraba en torno a la voluntad de Dios, por eso estoy segura que mi relato no comienza el día que mi madre me parió… o bueno, el día que le fue dictaminado parirme. ¿Es que acaso Dios le dio el poder a su doctor para que decidiera el día que debía nacer? Quizás yo aun no quería o no debía nacer ese día. No sé cómo un simple mortal puede tomar tan enorme decisión. De niña siempre creí mi nacimiento había sido una violación a la voluntad de Dios.

viernes, 19 de agosto de 2011

Cuando las chicas de mi edad...

Días como hoy, que parecen sencillos a simple vista y que no logran ser afectados con mi delirio ni mi obsesión agobiante, me parece agradable la idea de narrar mi propia historia, la historia de cómo me convertí en esta cínica que soy.

Nunca he podido sentirme común y corriente, desde pequeña comprendí que no podría entrar nunca en lo establecido, en lo normal, en lo usual. Y no porque me creyera lo suficientemente perfecta, sino todo lo contrario. No ahondaré mucho en esto, simplemente porque no me place hacerlo.

Es sencillo, cuando los niños de mi edad estaban terminando de mudar sus dientes, yo estaba en el suelo, pataleando y rogándole a mi madre que me llevara al catecismo. Cuando mis amigas del colegio estaban jugando en la calle, interactuando con otros niños de la edad, yo estaba en casa pintando, dibujando lo que más tarde escribiría escondida bajo la cama. Cuando las mismas amigas comenzaron a hablar de sexo, yo me obsesioné con la idea de tener un patín del diablo. Cuando las chicas de mi edad comenzaban a sentirse adultas por el simple hecho de regresar a sus casas después de las 11 de la noche, yo narraba en mis diarios cómo el suicidio me parecía la más hermosa demostración de amor. Sobra decir, que cuando los demás se estaban enamorando, yo tenía pesadillas con el holocausto.

Me refugiaba en ese tipo de historias, me imaginaba sufriendo, teniendo una vida terrible, para así poder compararla con mi vida real y sentirme mucho más afortunada con lo que tenía. O tal vez, ni siquiera sé por qué lo hacía… pero lo disfrutaba.

viernes, 15 de julio de 2011

Quería escapar

La decisión estaba tomada: desaparecer. Quería borrar, esconder todo rastro de mi desacelerada existencia. Me habría encantado tomar una maleta y abordar el primer autobús que me llevara lo más lejos posible. Sin embargo, aunque lograra llegar al otro lado del mundo, la pesadez y el desencanto por la vida (sin tirarme al bendito drama) habrían conseguido llegar conmigo como pasajeros preferenciales.

Fue la inseguridad, el miedo, el remordimiento de haberme entregado por completo a mí misma. Decir la verdad, ser honesto con el mundo y contigo mismo no es algo que los demás puedan cuestionarte. ¿Quién es él? ¿Quiénes son los demás para juzgar mis decisiones o mi imposibilidad de decidir? No estoy a favor de la censura, y mucho menos de la autocensura.

Sé que siempre habrá alguien para recordarte tus defectos y debilidades, para juzgar tus decisiones o indecisiones, para criticar tus aciertos y exaltar tus fracasos. Pero ¿qué importa? No importa, cuando la vida que estás viviendo es tuya y no la de alguien más. Jamás serás perfecto para nadie, ni siquiera para ti mismo. Y el misterio radica en saber que puedes ser mejor cada día. Es por ello que estoy aquí, es verdad, con miedo y aun con ese sentimiento de tristeza encarnado en el corazón, pero con la firme decisión de no callarme más, de amarme más y no menos cada día. Aun con las consecuencias que esto implique, pues ahora sé, que ser uno mismo, es la decisión más difícil que hubiese podido tomar. Pero… bueno, aquí estoy, pues hoy no creo en el valor de sus acusaciones.